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Afrontar el uso de drogas en el ámbito familiar

Enfrentarnos al fenómeno de las drogas en nuestros hijos e hijas adolescentes es algo que aterroriza a la mayoría de las familias. Nadie tiene claro si es bueno o malo hablar de ello, si llegamos demasiado pronto y, por tanto, despertamos un interés que no existía o si llegamos demasiado tarde y ofrecemos información inútil.

Según datos del Plan Nacional Sobre Drogas en la encuesta Estudes sobre estudiantes de enseñanzas secundarias de 14 a 18 años, las drogas más consumidas por nuestros adolescentes son en orden de importancia el alcohol, el tabaco y el cannabis. Las edades medias de inicio para el tabaco y el alcohol son entre los 13 y 14 años, y de 14,7 años para el cannabis.

Si hablamos en función del sexo de los adolescentes, la proporción de chicos que consumen drogas ilegales es mayor que la de chicas y, en cuanto a las drogas legales y fármacos tranquilizantes la proporción se invierte.

Por otro lado, hemos de destacar que, la mayoría de nuestros menores no consumen drogas y, la etiqueta de que la adolescencia y la juventud de nuestro país es vaga, indolente y problemática, es totalmente infundada e injustificada. Aún así, seríamos irresponsables si no fuésemos conscientes de que existe un consumo de sustancias, más o menos recreativo, en un número importante de los mismos.

Cuando pensamos en el consumo de drogas por parte de nuestras hijas e hijos adolescentes siempre pensamos en que son adictos, en la mayoría de los casos este es un gran error.

La adicción es la última fase de un largo proceso en el que se ha tenido que generar tolerancia (cada vez se necesita más sustancia para percibir los mismos efectos), cambiar el estilo de vida (dedicando la mayor parte del tiempo a realizar actividades que faciliten la consecución de la sustancia) y que se produzca síndrome de abstinencia en el caso de no haber consumido en un periodo de tiempo relativamente corto (horas). Estos tres componentes definen la existencia o no de una adicción.

En casos excepcionales vamos a encontrarnos con una adicción instaurada en un adolescente normalizado, en el peor de los casos encontraremos un uso abusivo (consumo de sustancias en cantidades elevadas, sin llegar a generar una adicción y creando problemas en los ámbitos escolares, familiares y relacionales) y, en muchos, un uso de las sustancias en momentos esporádicos y, generalmente, en contexto recreativos.

¿Por qué consumen? Principalmente porque lo que les ofrecen las sustancias les gusta, les gusta reírse y divertirse con sus iguales, les hace sentirse importantes dentro del grupo y tienen sensaciones que en condiciones normales son muy difíciles de conseguir o incluso imposibles.

Las drogas siempre dan premio, frente a las conductas saludables que no siempre lo hacen (uno puede estudiar mucho pero la recompensa está a nueve meses, o hacer mucho deporte y no llegar a ser nada en el mundo deportivo).

¿Qué hacemos ante el posible consumo de drogas de nuestros hijos e hijas?

Depende, no puede haber una respuesta general ya que no va a haber situaciones iguales. Depende de si ha habido o no consumo. Si lo habido, de qué dimensión y cómo pueda estar interfiriendo en la vida cotidiana de los muchachos.

Antes de que aparezca el problema

El trabajo en prevención nos ha hecho llegar a la conclusión de que muchas veces llegamos tarde para prevenir los primeros consumos de sustancias legales y alguna ilegal. Solemos esperar a que los chicos y chicas estén en secundaria sin caer en la cuenta que muchos de nuestros menores entran en contacto con las sustancias en el mismo momento en el que estamos haciendo la prevención.

Lo adecuado sería informarles al final de la primaria sobre sustancias como el alcohol, el tabaco y el cannabis. Pero a la vez hemos de inculcarles desde muy pequeños hábitos de vida saludables y fomentar una maduración adecuada a su etapa evolutiva con un autoconcepto y una autoestima ajustadas y positivas.

En el fondo hemos de hablar con ellos dando información clara y ajustada sobre las sustancias, pero sobretodo hemos de hablar con ellos y ellas de ellos mismos. También hemos de pedir que en los centros escolares se apliquen programas de prevención que hayan demostrado su eficacia, que estén basados en la evidencia (no todo lo que dice ser prevención previene realmente) y que, normalmente van a implicar a toda la comunidad educativa: profesores, padres y madres y alumnos.

Cuándo existen primeros acercamientos

La primera recomendación es mantener la calma, de nada nos sirve convertirnos en “hidras” descontroladas o dejarnos llevar por el pánico. Antes de nada hay que establecer unas normas y límites claros que incluyan, entre otras conductas, el posible consumo de sustancias (desde nuestro punto de vista no existe ningún consumo inocuo y menos en estas edades).

Antes de que se incumplan las normas, de nuevo, hay que hablar con ellas y ellos de ellos y, también, de las sustancias con información clara y objetiva, no conviene exagerar el efecto de las sustancias ya que la experiencia personal y/o de sus amigos no van a corroborar esta información de manera habitual. Es recomendable conocer a sus amigos y estar informados de sus actividades. Saber si tienen novio o novia, saber que les gusta… escucharles.

Cuando se incumplan estas normas, sancionar de manera proporcional e inmediata. La inmediatez no significa hacerlo todo cuando el chico o la chica llegan bebidos o fumados (en ese momento es cuando menos receptivos están y cuando menos autocontrol pueden manifestar), esperemos al día siguiente, que hayan dormido los efectos de la sustancia, y ahí es cuando tenemos que intervenir.

Es importante no perder los papeles y ser capaces de transmitir tranquilidad, ser coherentes con lo que hemos decidido y aplicarlo. También es vital que los adultos involucrados en la vida de un adolescente, ya sean padres, madres, estén juntos o separados, ante las situaciones problema, presenten una única forma de afrontarlas.

Los adultos tienen que estar en la misma sintonía educativa, tienen que tocar la misma música, para poder ayudar al o la adolescente.

Otro aspecto a destacar es la coherencia de ambos padres. También será muy importante no relativizar. Muchos de los que ahora son padres o madres de adolescentes, vivieron su juventud con la movida madrileña o en los noventa, muchos conocen gente que han consumido drogas o, incluso, ellos mismos han tenido algún acercamiento a las mismas.

Trasmitir la idea de que existen “drogas blandas” y “drogas duras”, exponer la propia experiencia o relativizar determinados consumos, envía un mensaje ambiguo al adolescente. Un mensaje que puede dar permiso y justificar el uso y el abuso de las sustancias.

Ante consumos y conductas problemáticos

No se trata de preocuparnos tanto como de ocuparnos. Mantengamos la calma, analicemos la situación sin dulcificarla (pero si es una niña, cómo va a ser posible…) pero sin exagerarla (es un toxicómano, vamos a ingresarle en una comunidad terapéutica,…). El pánico no nos va a ayudar a ayudar a nuestro hijo o hija adolescente.

Tampoco buscar culpables nos va permitir buscar salidas objetivas. Es muy común culpar a las compañías sin recordar el refranero tradicional “Dios los cría y ellos se juntan”; responsabilizarnos por no haber sabido ser buenos padres sin tener en cuenta que por muy malos padres que hayamos sido no les hemos puesto un porro en la boca; o, como última opción, responsabilizar exclusivamente a nuestro hijo como mala persona o psicopatologizándolo. En este tipo de situaciones problemáticas no existe un único componente, son situaciones con origen multicausal.

De nuevo, el primer paso será dialogar con nuestro adolescente, preguntándole qué le sucede de manera sincera. Hemos de ayudarle a ver que tiene un problema y que entre todos hemos de dar una solución.

Hemos de pensar que, aunque el primer contacto con las sustancias está muy relacionado con la presión de grupo y el ocio, el mantenimiento y el abuso de las mismas, normalmente va estar relacionado con otra serie de problemas personales y familiares. El abuso de sustancias en adolescentes suele ser síntoma de un proceso de maduración inadecuado y manifiesta la necesidad, por parte del adolescente, de recibir ayuda aunque aparentemente manifieste lo opuesto.

Para concluir, lo más importante va a ser la prevención basada en la creación de hábitos saludables, pero más aún que esto va a ser la comunicación y preocupación sincera por la persona que es el adolescente con el que convivimos. En medio de su proceso evolutivo que nos transmite caos, necesita figuras de referencia que le ofrezcan estabilidad y seguridad aunque aparentemente ni la pida, ni la desee.

Cómo decía un padre en una de las múltiples escuelas de padres que hemos realizado; cuando entran en la adolescencia parece que alguien ha raptado a tu niño o niña querido y, en su lugar, te han dejado un extraño enfadado y ofuscado que sólo es agradable para otros, pero al finalizar la adolescencia, vuelve tu hijo o hija querida más maduro. Es en ese período de impasse dónde se hace más necesaria nuestra madurez y paciencia para ayudarles a evitar problemas mayores cómo pueda ser la adicción a una sustancia.

 

Algunos links de interés

  • RecURRA-Ginso: www.recurra.com. En ella podrán solicitar información y ayuda sobre cómo intervenir con hijos e hijas en conflicto con sus familias.
  • Escuela de familias de la Asociación Proyecto Hombre: www.escueladefamiliasph.org. Es una escuela de familias que puede ofertarles la experiencia de prevención en el consumo de sustancias de la Asociación Proyecto Hombre.
  • Fundación de ayuda a la drogadicción: www.fad.es. Web con numerosos recursos educativos y familiares para prevenir el consumo de drogas y fomentar conductas saludables.
  • Plan Nacional sobre Drogas: www.pnsd.msc.es/. En ella podrán encontrar información actualizada sobre el fenómeno de las drogodependencias en nuestro país y gran cantidad de material para padres, profesores y profesionales.
  • National Institute on Drug Abuse (NIDA) en Español: http://drugabuse.gov/nidaespanol.html

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José Luis Sancho

Es Doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Director Clínico del Programa RECURRA-GINSO. Ha trabajado muchos años en prevención y tratamiento de adicciones en adolescentes y jóvenes. También ha sido educador de pisos de protección de menores además de haber sido profesor de primaria y secundaria en diversos colegios de Madrid y de Lima.

Un comentario

  1. Y qué podemos hacer cuando el niño ya ha cumplido los 18 años?
    Cuando de repente deja los estudios, no quiere saber nada de normas ni de padres ni de familia, duerme un poco por el día, sale a todas horas, no come, no se asea, no quiere hablar con nadie que no sea su nueva “familia” (sus amigos), no acepta ninguna norma de convivencia, no quiere estudiar, no quiere trabajar, solo quiere tener todo el tiempo a su disposición para estar siempre disponible ante la llamada de sus amigos.
    Se pasa el día enganchado al whatsapp, a la consola y a salir. Se acuesta con el móvil junto a él para estar conectado todo el tiempo.
    No quiere ninguna obligación ni responsabilidad, no quiere saber nada de nadie, si le hablamos, le agobiamos, llega a casa a horas en las que no coincide con ninguno para comer o cenar, …
    No se le puede preguntar nada porque nos contesta con ira, con odio, …
    Su forma de salir es compulsiva, sale con unos amigos y cuando éstos se vuelven a su casa, busca a otros para continuar la marcha y cuando éstos otros se vuelven a casa, busca a otros o se va a dormir a casa de alguno de ellos, principalmente en el fin de semana que es cuando estamos en casa, y lo que está claro es que no quiere estar en casa con nosotros.
    No hace ningún caso a lo que se le dice, no quiere ni tan siquiera escuchar.

    Todo esto en tres meses, en los que ha pasado de ser un niño normal, que creíamos feliz, al que no le faltaba de nada, en una familia totalmente normal, sin conflictos, a tratar de cambiar todo lo que le pudiera recordar su vida anterior, se ha hecho tatuajes, se ha puesto peercing, pendientes, se ha cortado el pelo con el corte mohicano más radical, …
    Y lo peor es que no quiere dialogar, o contar en qué podríamos mejorar la situación, o en qué le hemos fallado o qué le molesta para intentar corregirlo, no quiere saber nada de normas de convivencia, …
    La verdad es que no sabemos qué hacer y además estamos muy preocupados por su salud ya que no guarda regularidad en las comidas, ni en el sueño, ni en la higiene, ni en el cuidado de sus ojos (está con las lentillas puestas muchas más horas de las recomendadas), …
    Gran parte de este cambio lo achacamos a sus amigos, pero ciertamente algo debemos haber hecho mal para que se haya revelado así contra nosotros.
    Agradeceríamos mucho alguna orientación

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