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Blanco más negro igual a gris

Distorsiones CognitivasHace ya muchos años que la Psicología descubrió que la manera en la que nos sentíamos, estaba muy relacionada con los pensamientos que surcaban nuestra mente. Si estos pensamientos eran alegres, lo más normal es que nos sintiéramos bien y contentos, mientras que si por el contrario, nos acuciaban pensamientos negativos, dolorosos, seguramente nos sentiríamos tristes, angustiados o preocupados.

Esta relación entre pensamiento y emoción, supuso un gran avance en el mundo de la psicología y la terapia, relacionándose también con el comportamiento. Así pienso, así siento, así me comporto. Tendríamos entonces, la clave para intentar sentirnos bien y comportarnos de un modo que nos produjera satisfacción.

Pero además, una vez realizado este descubrimiento, investigaciones posteriores evidenciaron que las personas teníamos patrones, esquemas de pensamiento más o menos profundos y estables, a través de los cuáles entendíamos lo que nos sucede alrededor, es decir, nuestras gafas de ver el mundo. Lo que los investigadores también encontraron es que muchas personas tienen mal graduadas esas gafas. O que incluso personas cuyas gafas normalmente dejan ver la realidad como es, en ocasiones se las cambian por otras mal graduadas.

Por supuesto, esto no acarrea unas buenas consecuencias. Normalmente se relacionan directamente con la ansiedad, la depresión, la preocupación, la ira, baja autoestima, es decir, con un sinfín de emociones negativas y con dificultades en la relación con los demás.

Estas gafas mal graduadas son las distorsiones cognitivas, que son esquemas cognitivos distorsionados, equivocados, que nos hacen interpretar la realidad de un modo diferente, normalmente negativo, y que tiene unas consecuencias nefastas para nuestras emociones y nuestra forma de comportarnos, con nosotros mismos y con los demás.

Son irracionales, ya que las asumimos sin tener pruebas objetivas de ellas y nos atacan con mensajes demoledores que damos como verídicos y que nos mediatizan a la hora de afrontar la vida.

Por ello, resulta de vital importancia descubrirlas, desenmascararlas y modificarlas por unos pensamientos más objetivos, racionales, reales, en fin, por unas gafas bien graduadas que nos harán sentir mejor. Y aunque no es fácil detectarlas, puesto que muchas de ellas conviven con nosotros desde hace mucho tiempo o aparecen en momentos en que son muy creíbles, al igual que el mal amigo que aprovecha desencuentros para inducir la cizaña, es posible. Afortunadamente, los psicólogos han hecho este trabajo y sabemos cuáles son y qué consecuencias negativas tienen.

Una de las más comunes es el pensamiento polarizado o “pensamiento blanco o negro”. Se entiende que una o muchas situaciones son o buenas o malas, simplemente. O se es maravilloso  o se es horrible. No hay categorías, solamente una polarización. En realidad, la mayoría de las cosas son grises, con muchos matices, no son totalmente blancas o negras. El peligro de categorizarlas es que deformamos la realidad, la hacemos absoluta y nos dificulta una buena relación con ella.

Si consideramos a una persona esencialmente mala, odiosa, sin dar opción a que tenga nada positivo, nos vamos a relacionar con ella de un modo seguramente injusto y lo peor de todo, es que no vamos a establecer una relación satisfactoria de la que poder extraer nada positivo. Esa persona nos generará sentimientos negativos, desprecio, rabia, odio, con la consiguiente activación de factores biológicos que aumenten nuestro estrés y disminuyan las sensaciones placenteras. Nos perderemos las características positivas que esa persona con seguridad también tiene. Si esta polarización la llevamos a muchas de las personas que nos rodean, acabaremos por rechazarlas y sentirnos aislados, además de frustrados.

Pasa lo mismo con las situaciones negativas que nos ocurren. Entre ellas hay grados, no todas son igual de malas o de horribles. Hay mucha variabilidad. No es lo mismo suspender un examen a que muera un ser querido. Si las catalogamos todas como insoportables, corremos el riesgo de volvernos intolerantes con multitud de situaciones, lo que nos hará sufrir mucho y ser poco resolutivos. Y esto está claro que no nos conviene.

Una manera eficaz de combatir esta distorsión cognitiva es, una vez detectada, cuando nos demos cuenta de que estamos evaluando una situación o una persona, de un modo totalmente positivo o totalmente negativo, buscar y encontrar los matices, los grises, los aspectos diferentes que no entran en la primera valoración categórica. Si consideras a una persona 100% llena de aspectos negativos, busca los positivos. Piensa y recuerda situaciones en las que esta persona haya actuado bien. Valora las cualidades que tenga, pues las tiene seguro. Piensa en cómo cambiaría tu relación con esta persona si tienes también en cuenta sus aspectos positivos. Seguro que te hace sentir mejor.

Como veis, el peligro de las distorsiones cognitivas es que nos impiden comprender el mundo con el que nos relacionamos de una manera objetiva y acaba generándonos sufrimiento y desadaptación. Hay que estar atentos para desactivarlas. Nos hará más felices.

En el próximo artículo desenmascararemos nuevas distorsiones y les pondremos freno.

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Eduardo Atarés Pinilla

Licenciado en Psicología por la Universidad Pontificia de Comillas (1998) y Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid (2000). Experto en Psicoterapia y Certificado Europeo en Psicología por la European Federation of Professional Psychologists´s (EFPA). Miembro de SEVIFIP (Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental ). Psicólogo con más de 15 años de práctica en el tratamiento de adolescentes conflictivos es Director del Centro Terapéutico Residencial Campus Unidos, perteneciente al Programa recURRA-GINSO desde el año 2011. Imparte clases en el Máster de Psicología General Sanitaria de la Universidad Camilo José Cela.

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