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Naturaleza Terapéutica

NaturalezaQue la naturaleza es terapéutica, o, dicho de otra manera, que la naturaleza sana, es una evidencia en la que científicos y expertos abundan desde hace mucho tiempo.

El Dr. Benjamin Rush afirma que “cavar en el suelo tiene efectos curativos en aquellos que sufren de enfermedades mentales”. Howard  Frumkin, presidente del Departamento Medioambiental y Salud Ocupacional de la Universidad de Emory, expone que los pacientes de cirugía que se recuperan en habitaciones con vistas verdes lo hacen considerablemente más rápido. Y también que aquellos presos cuyas celdas se orientan a vistas exteriores verdes, enferman menos.

Las ventajas del contacto con la naturaleza para la salud mental y física, la cognición y la habilidad para aprender, e incluso para socializarse.

Además, está demostrado que la naturaleza influye poderosamente en la reducción del estrés, así como también sirve de ayuda para restaurar la atención.

En definitiva, entrar en contacto con la naturaleza de forma frecuente nos ayuda a encontrar nuestro equilibrio y estimula nuestro estado de bienestar.

En determinadas culturas, como la japonesa, el shinrin-yoku (o baño de bosque) es “receta” común; se prescribe un paseo de dos horas por el bosque una vez a la semana como terapia para aliviar el estrés y la ansiedad.

Cambios sociales y Trastorno por Déficit de Naturaleza (TDN)

Teniendo en cuenta los cambios sociales producidos en las últimas décadas en los que se han visto modificadas las actividades de ocio y han cobrado amplio protagonismo las nuevas tecnologías (desplazando de forma significativa el contacto directo con la naturaleza), hay quienes ya hablan entre la población infantil y juvenil de un Trastorno por Déficit de Naturaleza (TDN).

Dicho trastorno supone una persistente desconexión de la naturaleza y todo lo que ello conlleva: paseos, deporte, aire libre, etc. Esto puede favorecer la aparición de patologías tales como la obesidad,  ansiedad y/o estrés, hiperactividad, déficit atencional e hipovitaminosis D.

Esta pérdida de contacto con la naturaleza presenta mayor gravedad si repasamos brevemente los beneficios que tiene dicho contacto en los primeros años de vida.

Hasta los seis años, las principales aportaciones del contacto con la naturaleza son:

  • la exploración sensorial
  • el enriquecimiento y control del movimiento
  • la mejora del autocontrol y de la capacidad de enfocar la atención
  • el respeto

Entre los seis y doce años, cuando los niños están en plena etapa de razonamiento, la naturaleza les permite: aprender a relacionar, a observar, a pensar de forma razonada, a sentirse bien con ellos mismos.

Y en la adolescencia, ese contacto contribuye a formar a la persona social, a ejercitar su responsabilidad, libertad y autonomía, y les proporciona seguridad.

Relación con la naturaleza en Campus Unidos

lago y naturalezaEn Campus Unidos, nuestro centro terapéutico residencial, el trato diario con nuestros adolescentes evidencia que su experiencia previa de contacto con la naturaleza ha sido, efectivamente y cuando menos, deficitaria.

Por todo lo anteriormente descrito, y teniendo en cuenta las características personales de los menores con los que trabajamos, desde el principio hemos puesto en marcha una serie de actividades cuyo nexo común es que se desarrollan en plena naturaleza: campamentos, acampadas, rutas senderistas, rutas en bicicleta, baños en pozas y ríos, observación de estrellas, etc. Buscamos buscando una relación de respeto y beneficio mutuo para que el mismo contexto potencie el enriquecimiento de la acción.

Podemos definirnos como conocedores, gracias a la experiencia, de que tanto los adolescentes como sus padres se muestran más receptivos y relajados, “más naturales”, cuando la intervención se realiza al aire libre. Este hecho facilita la intervención psicoterapéutica, pudiendo incidir de forma más sencilla en elementos como la comunicación, el vínculo, la cooperación y otros aspectos que en un ámbito cerrado es más complicado profundizar.

Supone, además, una enorme satisfacción personal constatar cómo después de alguna de nuestras actividades al aire libre, surge en muchos de nuestros chavales el deseo de profundizar y seguir en contacto con ellas.

Ciertamente, muchas semillas acaban germinando en conexión con la naturaleza.

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Carlos Isabel

Carlos Isabel

Lleva más de doce años trabajando con adolescentes en situaciones de riesgo y conflicto desde diferentes ámbitos de actuación.
Es experto en Animación Sociocultural, Ocio y Tiempo Libre. Actualmente trabaja como Subdirector de Fin de Semana en el Centro Terapéutico Residencial Campus Unidos, y dirige las Acampadas y Campamentos Terapéuticos para Padres e Hijos en Conflicto en el programa RECURRA-GINSO.

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