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El suicidio: el tabú de la pérdida

¿Es el suicidio un tema del que debamos hablar? Sí, sin ninguna duda.

Llama la atención que en una sociedad donde se habla abierta y públicamente de todo sin casi ruborizarnos, exista un importante silencio a la hora de hablar del suicidio.

Según datos del INE, el suicidio se ha convertido, en nuestro país, en una de las principales causas de muerte no natural. Supera incluso al número de muertos por accidentes de tráfico. Cierto es que, en parte, se debe al descenso de víctimas por accidente de tráfico. Pero también se debe a que se ha producido un aumento de personas que se quitan la vida; entre 2011 y 2013 creció un 22%.

Romper con el tabú

Son muchas las voces que se pronuncian sobre la necesidad de hacer visible esta realidad; diversas asociaciones formadas por familiares o personas que han perdido a un ser querido por suicidio, tienen, entre sus principales objetivos:

  • Romper el tabú que rodea el suicidio y poder hablar de ello de forma clara y respetuosa
  • sensibilizar a la opinión pública, profesionales y a las instituciones acerca del suicidio
  • Difundir conocimiento para desarrollar estrategias de prevención

En algunas regiones del país, ya existen programas de intervención, que llevan funcionando desde hace ya varios años. Sus profesionales, como tantos otros, señalan que el suicidio se puede prevenir. Se trata de un problema de salud pública que no sólo afecta a la Red de Salud Mental, por lo que es necesario abordarlo desde el sistema sanitario. Es la atención primaria la puerta ideal de detección temprana.

Los diferentes profesionales nos reflejan que:

“El suicidio se puede prevenir. Los pacientes dicen que si no sintieran así no pensarían en matarse. Quieren no sufrir, no sentirse como se sienten, por eso es importante que hablen de ello, que pidan ayuda. Hay salida”.

¿Se puede prevenir el suicidio?

Bien es cierto que, aunque cada vez encontramos más estudios que reflejan que el suicidio se puede prevenir, este es un acto individual que forma parte del comportamiento humano y, por lo tanto, no siempre se puede prevenir o evitar.

No es la intención generar la idea de que es una decisión plenamente libre, ni todo lo contrario, que es una conducta fruto de un estado mental o emocional que tiene presa a la persona que comete el acto, pues todavía es imposible descifrar esa incógnita.

Lo que sí es posible concluir es que la pérdida de una persona por una conducta suicida genera uno de los duelos más traumáticos, dolorosos y desequilibrantes.

Como es obvio, el impacto y las consecuencias o reacciones emocionales que genere la pérdida de esa persona dependerá de la importancia funcional que tenga esa persona en el sistema familiar, como del modo en que se produce el acto suicida.

Aun así, hay que recalcar que las muertes violentas, en particular el suicidio, son las más difíciles de aceptar.

El duelo

Según defienden los profesionales que trabajan con familiares de personas que se suicidan, en parte, estas dificultades en la elaboración del duelo vienen derivadas de que la persona que se suicida deposita sus secretos en los sobrevivientes, les obliga a afrontar múltiples sentimientos negativos y surge la idea recurrente, casi obsesiva de qué papel real o posible han tenido en el acto suicida y cómo han fracasado en evitarlo.

Esta sensación desata en las personas diversas emociones, como tristeza, rabia, sentimiento de culpabilidad, fracaso de rol, miedo (vulnerabilidad), sentimientos de traición o abandono. Dejando múltiples preguntas sin respuestas que les acompañaran en todo el proceso y el estigma.

Por eso adquiere una especial relevancia trabajar por “normalizar” sus respuestas emocionales; su incapacidad para “dejar de lamentarse”; y ayudar a los diversos miembros de la familia para que se muestren tolerantes con las distintas formas o estilos a que recurre cada uno para hacer frente a la situación. Sólo así podrán recorrer las dolorosas etapas de duelo que les esperan.

El trabajo de los profesionales está en poder intervenir sobre los factores de riesgo susceptibles de ser modificados. También es el potenciar y reforzar los factores que pueden prevenir o reducir la posibilidad de la conducta suicida.

Generar conciencia

Tanto la confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental, como el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, han elaborado guías prácticas con las que pretenden generar la conciencia en la sociedad sobre la importancia del suicidio. Así como recoger y destacar los factores de riesgo y protección más conocidos, coincidiendo en la identificación de los mismos.

Factores de riesgo

Algunos de los factores de riesgo se asocian a aspectos individuales o personales. Otros son de índole familiar o contextual. En el primer grupo (los personales), están los problemas de salud mental. Estos representan un importante factor de riesgo, pero no el único. No se debe caer en la idea de que cualquier persona con un problema de salud mental va a suicidarse, o que ese es el único factor que explica la conducta suicida. No debemos olvidar que el suicidio es un evento multicausal.

Entre los factores familiares o contextuales están:

  • la situación vital
  • el contexto familiar
  • la situación económico y laboral
  • la falta de apoyo social
  • la historia familiar previa de suicidio
  • eventos vitales estresantes
  • historia de maltrato físico o abuso sexual, o situaciones de acoso por parte de iguales, son cada vez más frecuentes en los casos de suicidio de adolescentes y jóvenes.

Factores de protección

En estas guías también se refleja un listado de factores de protección frente a la conducta suicida, entendiéndose así a una serie de aspectos que previenen el desarrollo de la conducta suicida en presencia de factores de riesgo.

Estos factores se pueden dividir en:

Personales, donde destacan

  • la habilidad en la resolución de conflictos o problemas
  • tener confianza en uno mismo
  • habilidad para las relaciones sociales e interpersonales
  • presentar flexibilidad cognitiva o tener hijos

Entre los factores sociales o medioambientales destacan:

  • el apoyo familiar y social, y no sólo la existencia del apoyo sino su fuerza y calidad
  • la integración social
  • poseer creencias y prácticas religiosas
  • espiritualidad o valores positivos
  • adoptar valores culturales y tradicionales
  • tener un acceso restringido a medios de suicidio
  • recibir una adecuada atención integral bajo el principio de continuidad de cuidados
  • tener fácil acceso a mecanismos de búsqueda de ayuda.

Estos aspectos aquí señalados representan los factores que las investigaciones en torno al suicidio han destacado. Claro está que cada caso puede verse influido por una multitud de factores que pueden coincidir o no con los nombrados, del mismo modo que los factores que previenen la conducta suicida pueden alejarse de los aquí expuestos según cada caso.

Alberto Buale

About Alberto Buale

Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid y Diploma de Estudios Avanzados (D.E.A.) por el departamento de Psicología Clínica Legal y Forense de la U.C.M.,. Ha trabajado en diferentes Centros de Medidas Judiciales de la Comunidad de Madrid con menores infractores, cuenta con muchos años de experiencia en el ámbito del trabajo terapéutico con adolescentes. Es subdirector del Centro Terapéutico Residencial Campus Unidos del Programa RECURRA-GINSO.

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Alberto Buale

Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid y Diploma de Estudios Avanzados (D.E.A.) por el departamento de Psicología Clínica Legal y Forense de la U.C.M.,. Ha trabajado en diferentes Centros de Medidas Judiciales de la Comunidad de Madrid con menores infractores, cuenta con muchos años de experiencia en el ámbito del trabajo terapéutico con adolescentes. Es subdirector del Centro Terapéutico Residencial Campus Unidos del Programa RECURRA-GINSO.

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