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Ardió Notre-Dame…

Arde Notre-Dame
View of Notre dame de Paris and Seine river in Paris, France


Ardió Notre-Dame… que no arda la empatía

Ayer, 15 de abril de 2019, fue un día triste para París, para Francia, para nuestra Europa, para el mundo… Me enteré accidentalmente del incendio de su, de nuestra Notre-Dame de París, cuando un niño de 12 años me envió un mensaje de whatsapp repleto de faltas de ortografía. El niño estaba inquieto, algo que él había visitado con sus padres y su hermana y que le pareció grandioso (más que EuroDisney, el motivo inicial de su visita a París), estaba desapareciendo ante sus ojos.

Sabía que estaba cometiendo muchas faltas de ortografía en los mensajes (me lo aclaró él mismo en uno de ellos: “Hola soy Javier por si las faltas”) y podía haberme centrado en las mismas realizando una labor pedagógica de corrección, pero… caí en la cuenta de que un niño del siglo XXI, levantaba la cabeza de una pantalla y buscaba adultos con los cuáles compartir su horror por la desaparición de algo que él entendía como importante, grandioso.

Me recordó a una adolescente, en proceso de tratamiento por su abuso de sustancias, que ante el cruel acto del 11-S de 2011 en Nueva York, llegó a terapia buscando adultos con los que compartir el dolor y temor que en ese momento sentía. De nuevo la tentación fue ignorarla y centrarme en lo que ese momento estaba sucediendo en su proceso terapéutico… pero, de nuevo, caía en la cuenta de que lo que estaba sucediendo es que estaba saliendo de sí misma y conectando con otros, con los otros, con el mundo.


Todavía hay esperanza

Es cierto que en nuestro cruel mundo están sucediendo terribles desgracias en las que perecen miles, millones de personas al año, pero si ignoramos esa capacidad que tienen nuestros y nuestras niñas y adolescentes de conectar con el otro, con los otros, por centrarnos en la ortografía, por centrarnos en la inmediatez en nuestro pedestal de autoridad, de adultez, de parentalidad, afirmando que solo nosotros y nosotras sabemos lo que es bueno para ellas y ellos… mataremos su capacidad de ponerse en los zapatos de los otros, de sentir que forman parte una comunidad de personas más allá de los estrechos límites de barrios, ciudades, regiones (autonomías) o países. Mataremos la capacidad de este niño de sentir que al arder Notre-Dame, arde también parte de él.

La mejor vacuna ante los problemas de conducta, la insensibilidad; el individualismo es la capacidad de empatizar y sentir que soy un yo con otros, que somos un nosotros. Le Figaro habla en portada de “Notre-Dame de la tristesse” (Nuestra Señora de la tristeza), es cierto, pero hoy también es Notre-Dame de l’espoir (Nuestra Señora de la Esperanza) cuando un niño de 12 años, miles de niños son capaces de estremecerse ante la pérdida, cuando miles de adolescentes en toda Europa se manifiestan exigiéndonos a los adultos que tomemos medidas urgentes contra el cambio climático, cuando son capaces de levantar la cabeza de las pantallas y recordarnos que somos un nosotros y no unos contra otros (us first)… Todavía hay esperanza en esos chicos y chicas del siglo XXI. Ha ardido Notre-Dame, ayudémosles a que no arda su empatía.

José Luis Sancho
Director Clínico del Programa RECURRA-GINSO

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José Luis Sancho

Es Doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Director Clínico del Programa RECURRA-GINSO. Ha trabajado muchos años en prevención y tratamiento de adicciones en adolescentes y jóvenes. También ha sido educador de pisos de protección de menores además de haber sido profesor de primaria y secundaria en diversos colegios de Madrid y de Lima.

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