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Conductas de riesgo en el adolescente

Conductas de riesgo en el adolescenteLas conductas de riesgo en el adolescente se producen porque superar el estrés produce placer, plenitud, que en algo engancha. Buscando salir del aburrimiento existencial, hay adolescentes que practican deportes radicales, de riesgo. Alcanzar sensaciones extremas es el objetivo, se vivencia como una forma atrayente de quien está en conflicto con la sociedad convencional.

Una cosa es la tendencia impulsiva, la situación inestable y el posicionamiento de oposición y otra bien distinta, dada no sólo la intensidad, sino la tipología de las conductas, aquella que pone en riesgo evidente su vida, su futuro físico, psicológico o relacional.

Hay bastante de transgresión de reglas, se desborda la búsqueda de sensaciones. Hablamos de adolescentes que demandan mucha estimulación y que reflejan emociones internas.

Las señales de conductas de riesgo en el adolescente son las fugas dilatadas en el tiempo, los robos continuados o con intimidación, el consumo habitual de drogas o una actitud que propicia situaciones reiteradas para sufrir accidentes han de significar sin duda que se ha traspasado la frontera de la normalidad para internarse en la psicopatología que debe ser abordada con urgencia.

Conductas de riesgo en el adolescente: el mayor temor del adolescente no es beber en exceso, ni consumir sustancias si no la exclusión social.

Para el adolescente, el mayor riesgo no es beber en exceso, ni consumir sustancias, ni verse envuelto en situaciones o actos violentos; su principal temor, el peligro más evidente, es el de la exclusión. Que un adolescente no se comporte como la inmensa mayoría significa ser señalado como distinto, raro, extraño, algo perturbador en una sociedad donde todo se etiqueta. Tan es así, que hasta a los progenitores no les gusta tener un hijo con comportamientos o conductas excepcionales, prefieren asumir los riesgos de la no diferencia respecto a lo que ya es «normal».

Para el adolescente, hablar de riesgo en su tiempo de ocio es hacerlo de emoción, de experimentar sensaciones, de romper con lo cotidiano, de trasgredir, de jugar con los límites, de vivir con la máxima intensidad, sin incluir en la ecuación las posibles o probables consecuencias. La emoción del riesgo resulta gratificante y aceptada, dado que rompe con el entorno anodino, al tiempo de conseguirlo de forma integrada y aceptada socialmente.

Cuando abandonan el hogar durante varias horas o días sin dar noticias de su paradero, suele tratarse de una búsqueda de libertad y agresión indirecta a los padres. También puede ser una forma de reclamar atención ligada a un conflicto interno. No debemos dejarnos chantajear ante el riesgo de una posible fuga futura jamás. Hay que escuchar al hijo, saber qué lo condujo a realizar esa señal de alarma.

Hay que estar pendiente de la conducta de riesgo en el adolescente, aprender a escuchar, saber qué lo condujo a realizar esa señal de alarma.

Otra conducta de riesgo en el adolescente son los robos. Cuando los hace en grandes almacenes, bien pueden responder a su necesidad de transgresión y búsqueda de emociones propia de esta etapa, en todo caso habrá que ver si ese comportamiento responde a otro problema más grave o a una forma de llamar la atención. Siempre habremos de sancionarlo con rotundidad y tendrá que reparar el delito, devolviendo lo que ha robado.

El juego online tiene un potencial muy adictivo, hay escaso control, las apuestas pueden ser pequeñas, la accesibilidad es fácil y el anonimato total; añádase la posibilidad de poder apostar durante toda la jornada sin someterse a ningún control social. El jugador se convierte en invisible, que ni siquiera utiliza dinero real, ya que todo va a través de la tarjeta.

Los adolescentes nos expresan que hay un momento en que se pierde el control, se miente a todo el mundo, se está como poseído, excitado, a veces cabreado.

Otra alarma de conductas de riesgo en el adolescente es la ludopatía, lo primero que hay que hacer es reconocer el grave problema y desear resolverlo.

Si estamos ante un adolescente ludópata, lo primero que hay que hacer es reconocer el grave problema y desear resolverlo. Debemos quitarle todas las fuentes de financiación como tarjetas, cuentas bancarias…, ocupemos todo su tiempo libre buscando nuevas implicaciones personales, autoexcluirse tanto del juego presencial como online, a través de la Dirección General de Ordenación del Juego; eliminar creencias irracionales, supersticiones y pensamientos mágicos.

La noche da el amparo esencial, es el territorio de lo desconocido. Se piensa que en las horas nocturnas puede pasar cualquier cosa, que las normativas convencionales diurnas se diluyen, que cabe asumir otras identidades y comportamientos.

Una alarma de conductas de riesgo en el adolescente es el consumo abusivo de sustancias en las adolescentes, que las coloca en una posición de mayor vulnerabilidad de sufrir un abuso sexual, siendo además percibida como más accesible si está bajo los efectos del consumo de drogas. Añádase que cuando ha habido un consumo voluntario previo, se agrava la culpabilidad de la víctima, mientras que se atenúa la responsabilidad del agresor.

Los padres debemos estar muy atentos ante las señales de conductas de riesgo en el adolescente y supervisar en nuestros hijos e hijas las posibles conductas adictivas, cómo llega a casa cuando sale, tanto los días laborables como en los fines de semana, el horario, que asiste al colegio, su imagen, objetos que entren en casa y no sean de su propiedad…

Precisamos sanciones que sirvan socialmente como pedagógicas y un posicionamiento ciudadano que discrimine claramente lo aceptable de lo que no lo es, que muestre una repulsa extrema a ciertas conductas.

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Javier Urra Portillo

Javier Urra Portillo

Dr. en Psicología con la especialidad de Clínica y Forense. Dr. en Ciencias de la Salud. Pedagogo Terapeuta. Psicólogo en excedencia voluntaria de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y de los Juzgados de Menores de Madrid. Embajador de la Asociación Iberoamericana de Psicología Jurídica. Profesor en Psicología (U.C.M.). Académico de Número de la Academia de Psicología de España. Patrono de la Fundación Pequeño Deseo. Presidente de la Comisión Rectora del programa recURRA-GINSO para padres e hijos en conflicto. Presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-parental (SEVIFIP). Escritor. Contertulio en Medios de comunicación. Primer Defensor del Menor.

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