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Desconectar para conectar

 Una de mis hermanas me contaba el otro día que su mejor regalo de Navidad para sus hijas iba a ser no usar el teléfono móvil en ningún momento del día mientras estuviese con ellas, que si necesitaba algo urgentemente llamase a su marido o al fijo de su casa (teléfono que hasta ese momento ni tenía).

Ayer un amigo comentaba, orgulloso, que sigue sin tener WhatsApp, ni por supuesto ninguna red social, para desesperación de su mujer, de sus hijos adolescentes y de sus clientes. Algunos de los amigos que le escuchábamos le admiraban, otros no le entendían.

Solo un tercio de los adolescentes hace un uso adecuado de la red.

Y es que, como todos sabéis, cada vez pasamos más tiempo conectados, constantemente pendientes del móvil y de los que no están a nuestro lado, en detrimento de los que sí que lo están. Los smartphones nos ofrecen multitud de posibilidades al alcance de la mano, nunca mejor dicho, que no dudamos en usar, muchas veces de manera desmedida.

EL Instituto Nacional de Estadística cifra en un 98% los adolescentes que usan Internet a los 15 años de edad.

Basándose en este dato, los resultados generales de un estudio de la Universidad Camilo José Cela muestran que más de un tercio de la población desarrolla un uso problemático de Internet. Casi otro tercio de la muestra está en riesgo de gestar problemas a causa de Internet. Es decir, solo un tercio de los adolescentes hace un uso adecuado. Y casi todos son conscientes de que pasan demasiado tiempo utilizando la red, y recibiendo quejas de sus familias y amigos; para estos y estas jóvenes resulta difícil quedarse sin conexión, dice el estudio. Y nos llevamos las manos a la cabeza. ¡Qué hacen estos adolescentes malgastando su tiempo!

Tal vez esta sea una conducta algo hipócrita ya que, por experiencia propia y por lo que veo a mi alrededor, a los adultos nos pasa lo mismo. Sin embargo, muchas veces esos mismos adultos, padres, no somos conscientes de nuestra propia dependencia, siendo solo capaces de ver la de los demás.

De hecho, ¿cuántos padres conoces que usan aplicaciones de control parental para limitar el tiempo de uso de sus hijos? ¿Y cuántos de ellos tienen una aplicación similar en su propio móvil para controlarse a sí mismos? Yo no conozco a ninguno de esta segunda categoría.

Los padres no somos conscientes de nuestra propia dependencia 

Estas navidades multitud de anuncios publicitarios buscan hacernos conscientes de esto mismo: el tiempo que dedicamos a algo muchas veces prescindible. Si los publicitas coinciden en mandar este mensaje por algo será…

Cuántas veces nos quejamos de no tener tempo para… (sustitúyase por lo que cada uno quiera: ver a los amigos; hacer deporte; jugar con los niños; ir a ver a los abuelos, etc.) y sin embargo, ¿cuántas horas dedicas a “juguetear” con el móvil? ¿Cuánto tiempo dedicas a redes sociales o a leer noticias que en papel nunca habrías leído? ¿Cuántos WhastApp mandas y recibes al día?

El tiempo dedicado a internet es una clara cuestión de prioridades

Para mí, es una clara cuestión de prioridades. El tiempo es el mismo siempre. Los días tienen las horas que tienen, y las invertimos/gastamos/perdemos en lo que elegimos. O no. Quiero decir, ¿realmente elegimos, de forma plenamente consciente, cómo gestionamos el tiempo? ¿SI parásemos a pensarlo, tomaríamos las mismas decisiones? ¿Dedicarías diez minutos a elegir la foto que subes a las redes, una hora a reenviar mensajes navideños insulsos (en los que ni siquiera cuidas que no ponga “reenviado” encima) o media tarde a cotillear por WhatsApp sobre esto o aquello? Quiero creer que la respuesta es “no”, “no lo haría si me parase a pensarlo”.

Por eso os invitamos a pensarlo, a ser conscientes, a decidir si tu hijo/pareja/familia/amigos merece que parte del tiempo que comparte contigo lo dediques a mirar una pantalla.

Y dicho esto, tal vez sea el momento apropiado para cerrar este blog, bloquear el teléfono y, tal vez, incluso, ponerlo en modo avión unas horitas. Prueba a ver qué tal la experiencia y luego, si quieres, vuelve a conectarte y pasa por aquí a dejar tu comentario.

Si aún sigues aquí, leyéndonos, te pasamos una lista de sugerencias que te pueden ayudar:
  • Toma conciencia: ve al apartado de tu móvil que mide el uso que haces de él: cuánto hablas, cuánto navegas, cuántos WhatsApp envías y recibes, etc.
  • Se valiente, desconecta el móvil y comprueba que no pasa nada.         
  • Si el paso 1 no te ha asustado o el paso 2 es demasiado para ti, prueba a desactivar las notificaciones de aquellas apps que en ese momento no necesitas (y te aseguro que son muchas).
  • Si te apetece charlar con alguien, llámale. No dediques media hora a intercambiar mensajitos cuando puedes hablar un par de minutos.
  • Mientras lees un libro, ves la tele o charlas con amigos, deja el móvil en otra habitación, evita las tentaciones y levántate a por él solo si lo necesitas.
  • Revisa tus queridas redes sociales solo una, o dos, o incluso tres veces al día. Pero no lo hagas cada media hora. No hay nada taaaan importante que no puedas ver hasta unas horas después. Y de ser así, no te preocupes, te enterarás por otras vías.

  • Salte de los grupos de WhatsApp que no te aporten nada. Los demás te mirarán raro al principio, pero en realidad lo harán desde la envidia por el paso que has dado.
  • No tengas el móvil a mano en las comidas o cenas.
  • No te lo lleves a la cama. ¡Duerme! O lee. Pero esta vez lee algo productivo para ti: un libro, una revista, un cómic, un manual, lo que quieras.
  • Intenta no usar el móvil mientras esperas a alguien o haces una cola. Casi todos nosotros aún recordamos la vida antes del móvil (más reciente aún, la vida antes de internet en el móvil), y podíamos esperar tranquilamente una cola, pensando en nuestras cosas o fijándonos en aquello que pasaba a nuestro alrededor.
  • No cargues tu móvil más de una vez al día. ¿Cómo? Sí, lo has entendido bien. ¿Qué haces cuándo temes quedarte sin batería y no tienes opción de cargarlo? Lo usas lo justo y necesario. Eso quiere decir que ya sabes cómo hacerlo, solo necesitas practicarlo más.
  • Y, sobre todo, recuerda ¡el teléfono se inventó para acortar distancias, no para aumentarlas!
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Sophie Álvarez Vieitez

Sophie Álvarez Vieitez

Licenciada en Psicología y Master en Psicología Clínica y Psicoterapia. Experta en Psicopatología de la Infancia y la Adolescencia, en Trastornos del Comportamiento, y Psicoterapia del Maltrato. Cuenta con amplia experiencia en intervención psicoterapéutica en niños, adolescentes y familias, en el ámbito clínico. Especializada en menores con trastornos del comportamiento y conflictos familiares. Formada en Psicología de la Educación, también es formadora de docentes, AMPAS y alumnado desde hace años. Tras trabajar durante años como psicóloga en el ámbito privado, se incorporó al Progarma RUCURRA-GINSO para su puesta en marcha en 2011, trabajando con familias y menores multiproblemáticos en un centro terapéutico residencial. En la actualidad es Subdirectora del programa Alerta Bullying-GINSO para la prevención comunitaria y erradicación del acoso escolar.

Un comentario

  1. Me ha parecido un artículo magnífico. El móvil es ya una extensión de nuestro cuerpo. Terrible. Y nos encanta buscar razones por las que ‘necesitalos’ tenerlo cerca constantemente.
    Me han gustado los consejos, por ejemplo el de cargar el móvil solo una vez al día.
    Gracias!

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