Otra actitud ante las TICO

Hoy en día las TICO forman parte de nuestra vida cotidiana. En cualquier tienda, taller o centro sanitario hay un ordenador en el que consultan sobre nuestras demandas, apuntan nuestras citas o leen nuestro historial. La inmensa mayoría de nosotros y nosotras llevamos a todos los lados un dispositivo electrónico, supuestamente denominado teléfono móvil, que tiene las prestaciones de un miniordenador.  En él, además de llamar, consultamos el correo electrónico, nos mantenemos comunicados con amigos, familia y trabajo vía WhatsApp. Consultamos Facebook, Twitter, Instagram o incluso cazamos pokemons. Además, cuando no hay nada que hacer, vemos vídeos, leemos la prensa, escuchamos música o jugamos a algún videojuego.

Qué nos asusta de las TICO

¿Alguien se imagina que un día todos esos dispositivos desapareciesen? Probablemente no nos pasaría nada grave. Pero sí volveríamos a descubrir que determinadas tareas que hoy nos resultan sumamente sencillas volverían a complicarse y a exigirnos mucho tiempo siendo menos eficaces.

Entonces, ¿qué nos asusta de que nuestros niños y jóvenes usen las tecnologías?

Es difícil que los profesionales, al hablar de las Tecnologías de la Información, Comunicación y Ocio (TICO), suelan tener palabras positivas sobre las mismas en relación con los niños y niñas y adolescentes. Lo habitual es acabar hablando de las posibles desgracias que acaecerán al o a la menor si las utiliza. Y de las preocupaciones, precauciones y prohibiciones que hemos de imponer los adultos que les rodeamos.

No pretendemos banalizar muchas de las consideraciones que las investigaciones serias sobre este asunto han realizado y realizan. Tampoco podemos renunciar a utilizarlas por miedo a los “efectos indeseables” de las TICO. Muchas veces, más que a sus efectos indeseables, tenemos miedo a las situaciones que creemos que están asociadas al uso y abuso de las mismas. Es decir, al aislamiento de los y las menores, a su posible irritabilidad, al escaso rendimiento en los estudios, etc.

En el fondo, estamos hablando del esfuerzo que supone educar en el día a día. Un esfuerzo que exige constancia y paciencia. Un esfuerzo que no siempre es reconocido y que no es tan efectivo y eficaz como desearíamos. También los adultos vivimos en el mundo de la inmediatez tecnológica.

Por otra parte, no podemos ser tan incoherentes como para valorar positivamente que los centros escolares dispongan de ordenadores y tabletas como recursos de apoyo académico y que a continuación les neguemos a los chicos y chicas el uso de los mismos en sus tiempos de ocio. Máxime cuando nos ven a los adultos utilizándolos para trabajar y para distraernos. Como ven, todo lo anterior no dejan de ser reflexiones en torno a las TICO pero, como tantas otras veces, no se proponen alternativas.

Por qué no jugar con ellos

Les propongo que se siente con sus hijos y jueguen una partida a cualquiera de sus videojuegos. Jueguen con ellos, comenten aquellas cosas que les parecen inadecuadas del mismo. Pero sigan jugando, háganlo de vez en cuando. Vean cómo reaccionan, cómo disfrutan. Hablen de las cosas de cada día, ríanse con ellos, píquense con ellos (de forma sana y adulta). Verán como, probablemente, el videojuego dejará de ser peligroso y nocivo ya que, en la mayoría de los casos, no será el contenido del videojuego lo importante.

Lo importante será que su madre o su padre han estado compartiendo un rato de ocio con ellos. Que han realizado una actividad divertida con ellos. Esto no significa que haya que renunciar al ocio sin pantallas, al salir al aire libre, al disfrutar de la conversación. Solo significará que un espacio, que hasta ese momento era un espacio en soledad, también se convertirá en un espacio de disfrute conjunto.

¿Y con las redes sociales?

Respecto a las redes sociales, antes de intentar descubrir qué hacen ellos y ellas, revisen las suyas propias, vean qué mensajes son denigrantes especialmente con políticos, compañeros de trabajo, con la figura de la mujer…

Siempre pensamos que son los más jóvenes los que hacen una mala utilización de las redes. Revisemos esos mensajes virales que están presentes en la mayoría de los móviles de los adultos. Después de haber “limpiado” sus propias redes, compartan momentos para enseñárselas a sus hijos e hijas. Hablen del contenido de las mismas y, si se tercia, invítenles a que les enseñen las suyas. Pero, por favor, no pretendan estar controlando todas sus redes al minuto. Sus hijos e hijas necesitan saber que se confía en ellos y ellas.

El siguiente paso es compartir tiempo viendo vídeos de sus youtubers favoritos. Lo más seguro es que acaben desesperados preguntándose porqué me hicieron caso, especialmente con aquellos que son solo gamers. Véanlos, comenten las salidas de tono, la superficialidad de sus comentarios o la de horas que el correspondiente youtuber se ha pasado jugando para ofrecernos semejante “heroicidad”. En el fondo, se trata de que les ayuden a crear ese criterio que muchas veces damos por supuesto pero que nadie se ha sentado un rato a acompañarles en el proceso de generarlo.

A modo de conclusión

Si les invito a que hagan estos ejercicios es para que ustedes se conviertan también en creadores de opinión. No sé si la más influyente, pero sí con autoridad. Sobre todo que ni ustedes ni sus hijos tengan la percepción de que ellos están solos a la hora de interpretar el mundo que les rodea.

Como ven, no hemos parado de defender el uso de las TICO. Están aquí y se van a quedar. Los adultos, padres y profesionales, no podemos darles la espalda ya que daríamos la espalda a nuestra principal preocupación: los chicos y las chicas. Las TICO han de entrar en las aulas y en el hogar. Los adultos tenemos que aprender a utilizarlas como una herramienta educativa más, no como la “herramienta” educativa, pero tampoco como el enemigo desconocido a batir.

 

Si quiere más información sobre nuestros programas con adolescentes, puede visitar Ginso y Programa Recurra-Ginso

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José Luis Sancho

Es Doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Director Clínico del Programa RECURRA-GINSO. Ha trabajado muchos años en prevención y tratamiento de adicciones en adolescentes y jóvenes. También ha sido educador de pisos de protección de menores además de haber sido profesor de primaria y secundaria en diversos colegios de Madrid y de Lima.