0

Vínculo de Amistad

En la adolescencia la amistad se encumbra al máximo nivelEn la adolescencia la amistad se encumbra al máximo nivel, llena la vida de contenido, existe mucha entrega en esta bella relación. Son leales, no creen que sus amigos les puedan fallar.

No hay nada con lo que disfrute más su hijo que estando con sus amigos, ya sea practicando deporte, hablando, jugando con videojuegos o “tomando” algo (con alcohol, o sin alcohol). Los chicos precisan de zonas y tiempo para comunicarse, siendo esta tal vez una de las motivaciones para participar en el “botellón” (compartir bebida en sitios públicos), y estar “conectados” con mensajes ininterrumpidos.

Los jóvenes necesitan sentirse aceptados e integrados, así se identifican en su forma de vestir, argot, música… con su grupo de referencia, si bien éste no debe constituirse en sustituto de fallas relacionales, principalmente de la figura paterna, lo que dará lugar a la búsqueda del padre-grupo en sus iguales.

Tanto es así que pareciera que solo escuchan a sus amigos en esta etapa y por eso los padres los utilizan para algunos casos como mediadores.

Esa amiga o amigo lo es todo, es insustituible, lo es del alma. Se vive como único, perfecto, se comparte todo. Es simplemente imprescindible. Nadie puede osar interponerse. En él se apoya el adolescente, se comprenden mutuamente, viven las mismas situaciones y dan respuesta a las múltiples preguntas.

Los jóvenes necesitan sentirse aceptados e integrados, así se identifican en su forma de vestir, argot, música… con su grupo de referencia

Las amistades se eligen y en ellas aprenden a reconocerse a través de los otros. Si bien los amigos son referencias cambiantes y los padres son puntos de referencia constantes.

En el grupo el adolescente aprende a saber quién es en realidad fuera del ámbito familiar, va formando una personalidad e identidad social lejos de las reglas familiares y escolares. El grupo es el que educa a través de la necesidad de “formar parte” que arrastra con una fuerza irresistible a la imitación y a la comparación.

Los amigos pueden servir para socializar o para todo lo contrario, por eso es tan importante conocerlos, saber cuáles son sus características (edades, utilización del tiempo libre) y si sus intereses son los propios de la edad que tienen. Conocer las compañías de su hijo y fomentarlas debería de tenerse en cuenta desde las primeras edades. Si les permitimos y facilitamos desde pequeños, que traiga a casa a los amigos, tendrá así la posibilidad de poder aconsejar a su hijo sobre sus amistades.

Es esencial que los chicos sepan elegir amigos sanos y duraderos. Lo normal es que tengan motivaciones o formas de posicionarse similares a las de él/ella, por ello de sus expectativas y necesidades dependerán en gran medida las características de quienes componen su grupo.

Es positivo ampliar perspectivas y contactos, tener amigos distintos a los del instituto para que pueda cambiar de roles (papeles).

Es esencial que los chicos sepan elegir amigos sanos y duraderos.

Si por el contrario, las compañías de nuestros hijos son objetivamente perjudiciales, habrá que cuestionarse y preguntar al hijo si son tan nefastas. Dialogar e intentar que desista de mantener esas relaciones.

Si es necesario, prohibirlas y llenar los espacios de tiempo de otros contenidos -apuntarse al gimnasio, la danza, las obras de teatro, etcétera-, en ocasiones además de buscarles actividades donde se facilite la relación con jóvenes sanos, se precisa la implicación en algunas actividades de los padres con sus hijos, como asistir a espectáculos deportivos.

Se pueden “prohibir” desde la función tutelar aquellas relaciones que objetivamente se consideran de manifiesto riesgo. Interprétese desde la convicción, desde la autoridad moral, y si no es así, confirmado por la autoridad judicial, tras haber sido solicitado por los padres.

Los progenitores no son jueces, no pueden etimológicamente prohibir, pero han de velar y hacer valer su autoridad, su condición y sus posibilidades normativas para cumplir su función tutelar y protectora. La “patria potestas” nos obliga y el Código Civil nos apoya.

Los campamentos son un gran preventivo para no caer en la apatía, en el capricho, para respirar a pino y llenarse con el soplo de vida de la naturaleza, para que la ociosidad no permita anidar todo tipo de vicios en los períodos de vacaciones. Trabajar en equipo, compartir, entender que la única manera de poseer un amigo es serlo. En esta sociedad tan comodona, tan de que me lo den todo hecho, que crea estos niños estúpidamente tiranos, los pueblos, los campamentos, son vivencias necesarias, imprescindibles para formarse como personas, no sólo para saber sino para ser.

Cuando veo a monitores jóvenes en campamentos y a los acampados, sanos, nobles, altruistas, alegres, me rebelo contra la caricatura de la juventud que esperpénticamente nos transmiten de forma reduccionista y sesgada.

FacebooktwitterFacebooktwitter
Equipo Recurra

Equipo Recurra

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*